lunes, 7 de octubre de 2013

EXPERIENCIAS DE VERANO. DESCUBRIENDO ARGELIA


Este verano he tenido la oportunidad de vivir una experiencia de esas que difícil se olvidan y de las que te ayudan a descubrir nuevas crecer en el camino de la vida. Siempre he tenido la inquietud de salir más allá del mundo más cercano que me rodea, conocer otras culturas y religiones, otros países… así que cuando vi la propuesta de pasar tres semanas en Argelia, me pareció perfecto aunque tenía algunos miedos como el idioma, la inseguridad ante una cultura totalmente diferente y si era seguro para un cristiano pasar un tiempo allí.
Fue terminar los exámenes, pasar tres días en casa y volar hacia Argel junto con Javier. Durante el viaje nos preguntábamos qué nos esperaría en los próximos días. Llegamos y nos acogieron en la comunidad de Jesuitas: Damien, Georges, Lauren, Ricardo junto con Ángel que había llegado unos días antes desde Salamanca y Claire desde Marsella (Francia).
Los primeros tres días los dedicamos a conocer la ciudad, algunos apuntes básicos sobre el Islam, la labor de los Jesuitas y otras comunidades religiosas en el país y cómo viven allí las pequeñas comunidades de cristianos.
Las siguientes dos semanas por las mañanas las dedicamos a nuestras tareas de voluntariado. Javier y yo ayudábamos en las tareas de bricolaje en el CCU (Centro Cultural Universitario), una especie de biblioteca y lugar de reunión social para universitarios. Claire daba clase de perfeccionamiento de francés a un grupo de chicos y chicas universitarios con los que no solo compartimos el trabajo, ellos también nos enseñaron la ciudad y tuvimos interesantes conversaciones de las que aprendimos mucho mutuamente sobre cómo era nuestro día a días en cada país, las costumbres, cómo se vive la religión… Coincidió que la mayoría de los días fue el Ramadán, así pudimos acompañarles en ese tiempo más espiritual para los musulmanes y escuchar sus sentimientos sobre este tiempo.
Por las tardes solíamos descansar y celebrar la eucaristía que era un tiempo dedicado a recoger y compartir el día con los demás, coincidía algunos días que en el momento de la Consagración, las mezquitas anunciaban a la ciudad el Iftar (el fin del ayuno durante el día) y a partir de ahí comprendía mejor algunas de las conversaciones que podían haber surgido a lo largo del día.
Basílica de Nuestra Señora de África, en Argel: "...ruega por nosotros y por los musulmanes"
Para finalizar la experiencia viajamos al Monasterio de Thibirine donde en 1996 asesinaron a la mayoría de miembros de una comunidad de monjes trapenses que se dedicaban a ayudar a la gente que vivían en las montañas del Atlas. En ese momento pude sentirme frágil y confiar plenamente en Dios, algunos momentos no fueron fáciles porque había que enfrentarse a un pasado y a un presente como era la continua vigilancia de los militares de la zona hacia nosotros.
En resumen fueron unos días vividos en verdadera comunidad tanto con las pequeñas comunidades cristianas que se reunían casi clandestinamente para celebrar la Eucaristía como los primeros cristianos como con las personas que día a día no sólo trabajábamos sino que compartíamos vida rompiendo todos los prejuicios culturales y religiosos, quedándome con la persona y su interior. 
Mª Rosa Vicente

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